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La Internación Psiquiátrica

La Internación Psiquiátrica

Dentro del acto médico psiquiátrico tenemos dos grandes posibilidades: el paciente en su domicilio con concurrencia a consultorio habilitado o con el paciente internado en establecimiento habilitado. Podemos señalar una tercera opción que sería la excepción de la urgencia.

Es necesario tener presente que todos estos actos médicos necesitan tener el consentimiento del paciente, autorización del juez, representante o curador según el caso.

La internación puede dividirse en dos aspectos, por un lado tenemos el aspecto inicial que está constituido por la acción de internar y por otro lado tenemos el aspecto evolutivo que consiste en la continuación de la internación.

Depende exclusivamente del médico tratante al efectuar un diagnóstico y aplicar su discrecionalidad científica, la elección entre el tratamiento ambulatorio y la internación para desarrollar el tratamiento.

Una vez elegida la internación se debe llevar a cabo la elección del establecimiento, en este paso el poder de decisión del médico queda limitado a las posibilidades económicas del paciente (obra social, medicina prepaga, sistema de salud pública, etcétera).

Ya en el lugar seleccionado es necesario indagar acerca de la capacitación del personal (médicos, asistentes, equipo técnico, etcétera).

Por último, es necesario requerir los datos con respecto a las características de la terapéutica que consistirá en tratamiento para recuperar el uso de la razón o simplemente en un mantenimiento terapéutico.

Es necesario que previo a la decisión de internar al paciente se realicen todos los estudios médicos correspondientes que permitan llegar a una triple convicción:

  • Convicción diagnóstica

El diagnóstico colocará al médico frente a una serie de síntomas en confrontación con los conocimientos que tenga de los mismos, informaciones sobre la enfermedad, patogenia, evolución, pronóstico, etcétera. Esto es consecuencia de que el diagnóstico psiquiátrico no tiene la misma entidad que el diagnóstico de otras especialidades médicas.

En la actualidad, el sistema de clasificación psiquiátrica operativa más conocido y utilizado en los países occidentales está redactado en 1994 por la American Psychiatric Association y se denomina DSM-IV  (se revisa la edición según se van descubriendo nuevas asociaciones de síntomas o se llega a diferentes consensos de los actuales). Se han hecho y se continúan haciendo muchas críticas a este sistema de clasificación porque, malentendido y/o mal utilizado, podría reducir el interés del profesional a comprobar la presencia o la ausencia de síntomas de una lista y perder la variedad, riqueza y peculiaridad de las experiencias y sentimientos de un paciente dado, los cuales son siempre personales y únicos: en un caso extremo, una entrevista psiquiátrica podría llegar a convertirse en  una comprobación mediante cuestionario de síntomas a los que el paciente va contestando “si” o “no” para llegar a un diagnóstico y prescribir un tratamiento. Para paliar este tipo de simplificaciones, el DSM-IV dispone un sistema de clasificación multiaxial de los trastornos psiquiátricos que no se limita a proporcionar diagnósticos clínicos (como “depresión” o “esquizofrenia”), sino que recoge también información de otras áreas fundamentales para entender qué le pasa al paciente y por qué. El sistema multiaxial del DSM-IV se compone de cinco ejes:

  – El Eje I se codifica el diagnóstico de Trastorno Psiquiátrico;

  – El Eje II se codifican los llamados Trastornos de la Personalidad y del Desarrollo;

  – El Eje III se describen las Enfermedades Médicas que padece el paciente;

  – El eje IV los Acontecimientos Vitales que haya podido sufrir;

  – El eje V se codifica una escala de adaptación y funcionamiento de 100 (sin problemas y con una adaptación óptima) a 0 (peligro inminente de suicidio o completa incapacidad) que puntúa el funcionamiento del sujeto en su medio.

No obstante, la comprensión adecuada de un caso psiquiátrico requiere habitualmente más información que la aportada en estos cinco ejes (por ejemplo, información psicológica o sociocultural). Esta información se recoge también en la Historia Clínica Psiquiátrica.

Surgirá entonces de esta elección del diagnóstico que realice el psiquiatra la responsabilidad sobre un error de diagnóstico, una posible pérdida de chance si el diagnóstico es tardío y hay enfermedad, o una denominada “aventura terapéutica” si decide tratarlo a pesar de exceder su especialización o conocimientos.

  • Convicción terapéutica

La propuesta terapéutica ubicará al médico en el deber de continuar con la asistencia, realizar un seguimiento evolutivo, surgirá el deber de vigilancia y cuidado, etcétera.

El deber de seguimiento evolutivo dentro de la institución psiquiátrica comprenderá la historia clínica y su archivo, el recurso humano de médicos de guardia y de enfermería, el laboratorio clínico básico, el cumplimiento de las prescripciones y deberá también sumarse la hotelería y el régimen de visitas.

  • Convicción pronóstica

En este caso se evalúa la peligrosidad psiquiátrica del paciente para sí, para terceros, para las cosas y aún para el mismo tratamiento.

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